Ayer, en el Carrefour
vi con ojos brillantes
una masa centelleante
para preparar un pastel
de chocolate.
Hoy, con mucha ilusión
y el apetito lleno de emoción
el pastel fui a preparar
con mi tía, a cocinar.
La masa se preparó
el horno se encendió
pero al querer configurarlo
la luz, de golpe, saltó.
Mil veces lo intentamos,
pero la luz seguía fallando,
y había un apagón
cada vez que el horno iba marchando.
Yo, desesperada
miraba esperanzada a mi tía,
pero ella, rendida,
dijo que un buen horno no había.
Oh, querida barriga mía...
No te podré alimentar
con ése pastel de chocolate,
que tanto llegaste a desear.
Y todo quedó en un montón de masa de chocolate...